Al llegar a cierta edad y tener cierta madurez es mucho lo que dice de ti lo que piensas, lo que dices y lo que haces.

 

Siglos atrás el homosexual era catalogado por ser un hombre o una mujer culta, intelectual, e inteligente. Basta revisar la historia para darnos cuenta de grandes genios de la ciencia, la filosofía y la literatura, así como matemáticos e ingenieros y artistas. Pero tal parece que en pleno siglo XXI esta idea del homosexual culto e intelectual se ha perdido, y no es precisamente por culpa propia, sino mucho se le debe a la cultura y a la sociedad a la que pertenece, sobre todo al país donde habita.

 

En la cultura griega y romana era más que común el que la homosexualidad fuera parte de la vida cotidiana del hombre, y quizá de algunas mujeres que, al apartarse de una sociedad machista, dieron origen a la poesía erótica tal como lo fue Safo de la isla de Lesbos. Para el hombre griego era parte de la cultura el fijar su amor y su deseo en los más jóvenes con la visión de trasmitir el conocimiento de los viejos. El sexo oral era una práctica común entre ellos, pero no era vista como sólo sexo sino como el poder entregar la sabiduría a través de la miel eterna.

 

Sin embargo, al pasar los años y al ir evolucionando como sociedad la iglesia católica comenzó a detestar esta práctica como algo habitual, a tal grado que le llamó pecado, y fue entonces cuando dio como referencia la historia mitológica de Sodoma y Gomorra, que dios, al ver la depravación de los hombres, mandó lluvia de fuego hasta calcinar las dos ciudades y aniquilar a todo cuanto habitara en ella. Al pasar los años, en la Edad Media, la iglesia se aprovechó de la Santa Inquisición para acabar con todo aquél que practicara estas costumbres, así también como la brujería y la blasfemia, incluso hasta el atreverse a tener razones para decir que la tierra no era el centro del universo. Fue desde aquel entonces que el homosexual se tuvo que esconder y vivir una práctica en lo privado, en la oscuridad de una sociedad que lo señalaba ante los demás.

 

Así fue como el homosexual, para ser reconocido entre la cultura y la sociedad, comenzó a instruirse en las prácticas científicas, filosóficas, literarias y del arte en general. Ya no era el homosexual sino eran los artistas, los escritores, los pensadores, los filósofos, los hombres y mujeres de ciencia. La única manera de ser reconocidos como uno más era a partir de sus ideas y sus creaciones, de tal modo que la gente no los juzgaba, sino que eran reconocidos, la mayor parte de ellos, por la sociedad en que habitaba.

 

El mayor auge de esta era de homosexuales intelectuales y cultos habrá sido quizá entre 1800 y 1950 tanto en Europa como en Latinoamérica. En Inglaterra tenemos a un Óscar Wilde; en España a Federico García Lorca, a Luis Cernuda; En Alemania a Claire Waldof; en Francia a Colette; en México a Xavier Villaurrutia, por mencionar algunos. Todos y cada uno hicieron frente a su condición como homosexuales a través del arte, donde la mayoría de ellos sin esconder su preferencia sexual. La rebelión siguió en pie tanto de homosexuales como de heterosexuales fanáticos de la iglesia que buscaban cualquier pretexto para acabar con sus vidas.

 

Poco a poco las grandes plumas de la literatura y del libre pensamiento se fueron acabando pero no porque dejaran de existir, sino porque la sociedad y la cultura ya no requería de sus creaciones artísticas o intelectuales. A principios de los años 80, aunque la liberación de los grupos GLTBI ya tenía nombre y reconocimiento en muchos países del mundo, fue la mercadotecnia que comenzó a buscar otra opción para liberarlos y dejar que fuesen presentes ante los demás.

 

Poco a poco estos grupos han ido ganando su batalla pero la proliferación de intelectuales ha ido disminuyendo, es decir, intelectuales que abanderan su preferencia y anteponen su ideología antes que su preferencia. Por supuesto que siguen existiendo homosexuales cultos e intelectuales que no se hacen presentes ante los grupos o comunidades porque ya no es su lugar. A la gente homosexual ya no le interesa el crecer intelectualmente porque eso no “vende”, pocos serán los interesados y pocos serán los que busquen este interés en el otro.

 

Hoy en día la idea de ser homosexual se basa en cuánto sabes de tu artista preferido y no precisamente del arte, sino de lo popular. Hay países aún que predomina el grupo de gente homosexual intelectual entres las comunidades GLTBI pero no en México, o por lo menos no aún. Para que el homosexual intelectual y culto tenga cabida en México será necesario que la misma comunidad crezca dentro de la cultura. No por nada razón de más es que México sea un país que no lee, que carece de conocimientos generales.

 

Lamentablemente existe un gran número de homosexuales sin estudios universitarios y esto hace que su mundo se reduzca a lo que los medios masivos de comunicación venda. Tanto, que así mismo se “vende” las relaciones sentimentales o sexuales. No se trata de un gusto por el arte, la literatura, la filosofía o la ciencia, sino el tener el conocimiento de ello como cultura general.

 

Es más fácil que un homosexual hoy en día nombre 50 personajes del mundo pop a que nombre siquiera 10 personajes que han contribuido al desarrollo cultural, científico, filosófico y artístico del mundo entero. Baste con darse cuenta del número de homosexuales que atienden a un concierto que no sea de música popular, a una presentación de libro, a una exposición de arte, sin caer en la pretensión o porque está de moda ser hispster.

 

En 2010 el promedio de libros leídos al año por el mexicano fue de 2.8 libros. Si tan sólo el homosexual leyera un libro al año México estaría por arriba del promedio que manejan las estadísticas sobre la lectura.

 

 

 

 

 

En los albores del siglo XXI la sociedad mexicana aún le falta mucho por avanzar en términos de aceptación homosexualidad. Hoy en día la homofobia ha sido la forma de discriminación más alarmante entre los individuos.

 

Sigo pensando que el homosexual aún no ha entendido que la forma de encontrar la aceptación no radica en el reconocimiento del otro, sino en la tolerancia del otro, es decir, en dejar que el otro elija tolerar al homosexual o no. Tolerar significa aceptar, pero no necesariamente por aceptación o tolerancia se debe amar al homosexual. La distinción no radica en la preferencia sexual, sino en el comportamiento, en el saberse dirigir, en el saber ser hombre o mujer, como ciudadano, como ser humano, como persona.

Estoy de acuerdo que México, al igual que otros países, también necesita dar un cambio ideológico en función de aceptación sobre hombres y mujeres homosexuales, pero no estoy de acuerdo en la manera que desean llevar a cabo su estrategia para erradicar la homofobia.

 

            La homofobia sí es una forma de discriminación, y si preguntamos a la gente por qué discrimina al homosexual seguramente dirán que por ser homosexuales, así sin mayor argumento, sin mayor motivo, los más osados dirán que por que no es natural, o bien, los más estúpidos dirán que dios no lo permite. No se trata de natural o no, de normal o anormal, de cuestiones religiosas o biológicas, se trata de una decisión de un ser humano a elegir su preferencia sexual. No entiendo aún cuál es el afán de querer colgarse un letrero que indique la preferencia sexual de tal o cual individuo, basta con saber ser el ciudadano, el amigo, el hijo, el amante que otros buscan.

La forma de ganar respeto, de ser aceptados, de encontrar la tolerancia entre los que no son homosexuales está en la forma en cómo se presente la homosexualidad, no es necesario luchar por derechos que corresponde lucharlos como hombres y mujeres, no es necesario establecer etiquetas entre los mismos homosexuales para ser reconocidos como tal. En necesario hacer ver y entender a los demás que el homosexual no depende únicamente de su preferencia sexual, sino de su convicción de ser un hombre o una mujer.

 

Saliendo a la calle con pancartas, exhibiendo la preferencia sexual no hará que la homofobia se erradique, al contrario, el homosexual mismo estará siendo partícipe de la homofobia, de la discriminación, al salir a la calle y AUTONOMBRARSE homosexual.

 

MUNDO REAL

-No quiero ser discriminado, no quiero señalado… Pero quiero que todos sepan que soy homosexual…. Salgamos a las calles y que todo mundo sepa que soy homosexual y que tengo derecho a tener derechos como homosexual.-

 

“Entonces etiquetemos al homosexual, discriminemos al homosexual porque ellos mismos lo solicitan, lo gritan, lo exigen.” Considero que no está en esto la solución. Sí, la solución es ser reconocidos como seres humanos, como personas, como ciudadanos, como hombres y mujeres, entonces luchemos por esos derechos, por los que les corresponden, luchemos por tener el derecho a una ley de convivencia que los ampare como pareja de personas, luchemos por el derecho que tienen a adoptar como ciudadano, luchemos por erradicar la homofobia desde casa, la escuela, la iglesia, la calle, el trabajo. Si el homosexual se muestra ante los demás como la persona capaz de aprender, capaz de saber argumentar, dar soluciones viables y factibles a problemas comunes, a aceptar las ideas de los otros, a respetar las ideas de los otros de igual manera, a ser hombres y mujeres con valores, no por tener una preferencia sino por tener una convicción de ser SERES HUMANOS, entonces, sólo entonces, estaremos frente a un verdadero activismo, y ya que la gente te reconozca como persona, el que tengas o no una preferencia distinta, dejará de importar porque verán en él o ella el valor como persona, y antes de etiquetar como homosexual será reconocido como ser humano.

 

Sí, sigo criticando y seguiré luchando para que el homosexual no necesite autocolocarse una etiqueta, sino para darse a conocer como hombres y mujeres que son. Hagamos de los espacios zonas tolerantes de ideologías, aceptemos de igual forma a quienes piensan diferente, a quienes ven la vida de una forma distinta, pero libres de etiquetas. Eduquemos primero al homosexual a saber ser persona y después de ahí, entonces sí, partamos a las calles a luchar por los derechos que le corresponden como hombres y mujeres, y estoy seguro que en las marchas, en las protestas, no sólo habrá homosexuales, sino médicos, maestros, abogados, padres de familia, prostitutas, obreros, estudiantes, etc.

 

Si la sociedad carece de criterio y ve en las calles una marcha dirigida por homosexuales, con atuendos no convencionales, lo único que lograrán es que se reconozcan como tal y serán señalados, y, por ende, aumentará la homofobia pero ahora con puntos específicos de reconocer quiénes son. Antes de salir a la calle es necesario crear conciencia en el mundo que les rodea. No importa cómo hable el homosexual, cómo camine, cómo piense, cómo vista, importa que sepa hablar, caminar, pensar, vestir con la convicción de saber ser él o ella misma como hombres y mujeres.

 

Antes de educar a la sociedad a no discriminar eduquemos primero al homosexual.

 

 

¿Es el homosexual una fuente de referencia de información de lo que sucede en el país y en el mundo entero? Por lo general, y en su mayoría, la respuesta es NO.

 

Siguiendo los patrones culturales a los que estamos siendo enfocados hoy en día como ciudadanos partícipes de un estado común, tal parece que la información no llega a las esferas homosexuales, y el problema no es que no “llegue” sino que no les interesa siquiera que se aproxime algo que no sea Televisa, TV Azteca, Glee, American’s Next Top Model, etc., y tanta más pendejada que pueda existir en su mundo.

 

Lamentable es y seguirá siendo un sector que, ya se ve un tanto más amplio en la sociedad, sea de tan poco nivel informado, sobre todo en temas de política, economía, cultura y sociedad, sin embargo no en el ámbito farandulero donde se puede recitar en voz alta y sin parar nombres, fechas, eventos importantes de actantes en el mundo de las estrellas. Si me refiero al sector homosexual es por el acercamiento que esta columna tiene a tal. Sin embargo, lo mismo pudiera decir de jóvenes entre los 18 a 25 y, adultos jóvenes entre 30 y 40 años. Desafortunadamente es una realidad que atañe a la juventud mexicana, difícilmente se enteran lo que sucede en el país, con mayor razón ignoran lo que pasa en otros países incluso de Latinoamérica.

 

Tras la muerte de la diva de barrio Jenny Rivera una ola de comentarios entre gente homosexual y heterosexual se desató, todo mundo estaba enterado de su vida, de sus amantes, de las infidelidades de su exmarido y la hija bajapadrastros; sabían el número de canciones en cada disco, las letras de cada canción, los conciertos, las giras, etc. Pero ignoraban rotundamente la visión tan pesimista como icono femenino mexicano. Pero no es de ella que quiero hablar, de ella ya hablé demasiado en artículos anteriores que bastante flojera me da el tema. Sin embargo, si se les preguntara sobre la Reforma Educativa de Peña Nieto, sobre el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, sobre la privatización de PEMEX, sobre la Educación en Finlandia; sobre la muerte del Comandanta Hugo Chávez, pocos, muy pocos serían los que realmente están enterados de las noticias y no por las televisoras compradas, sino por medios de comunicación alternos. La mayoría repetirá lo que otros dicen, lo que escuchan, lo que ven, pero no lo que razonan. Y los que realmente saben o conocen sobre el tema son tildados de “intelectualoides” que a decir verdad puede que tengan mayor argumento que los que se creen lo que otros dicen.

 

Lo mismo sucede en la tendencia HISPERIANA donde la población homosexual supera el número de miembros de este grupo sin rumbo ni sentido. No basta con cargar con una cámara, vestir con ropa de segunda, calzar botines de marca, usar lentes grandes, traer un libro que no entiende bajo el brazo, utilizar vocabulario menor al de un niño de primaria, recitar una lista bastante prolongada de bandas que nadie conoce, y más aún una lista de películas que sólo ellos han visto y que de igual forma no han atendido. Este grupo prominente de gente sin sentido común pululan por las calles de Tijuana haciendo alarde del “liberalismo intelectual”, es decir, la pendejez. Pero basta con que se pasen los tragos de alcohol para volver a lo que son, hombres y mujeres comunes y corrientes. Los mismos que disfrutan un arrabal como un bar excéntrico. Eso sí, los arrabales son visitados siempre y cuando ellos sean los “Movie Stars” de la noche, porque es ahí donde se convierten en modelos de pazarellas para gente que difícilmente entenderá el NO concepto de sus “propuestas”.

 

Después de esta exhausta descripción de los Híspteres tal parece que también, como rasgo distintivo, deben ser homosexuales, sobre todo en los hombres, el 99% de los Híspteres varones tienen como preferencia sexual la homosexualidad. Y regreso al tema principal, aún éstos carecen de iniciativa propia por informarse y conocer lo que sucede en el mundo. Aclaro, hay excepciones como en toda regla, pero lamentablemente el número de exentos es muy bajo.

 

Me considero una persona intolerante…

Intolerante a la lactosa y a los ignorantes independientemente de la preferencia sexual que éste tenga.

 

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