Toda cercanía con la realidad puede costar una vida entera en poder superar la fantasía que tú mismo te has creado.

 

El ser humano está muy acostumbrado a fantasear, a idealizar a las personas, y más tratándose de amores. Elegimos a una chica o un chico que nos gusta físicamente y automáticamente imprimimos todas las virtudes posibles sin que éste o ésta se dé cuenta. El problema radica cuando descubrimos que lo que habíamos fantaseado se queda ahí, en esa idea convencional de nuestros más arduos deseos. Así funciona la mayoría de la gente, así funcionamos, es parte del ser humano el ir buscando lo que nosotros no somos, buscamos en el otro lo que nos es agradable, lo que nos beneficia, lo que nos mantiene alimentados en el amor. Sin embargo, no siempre lo que nosotros idealizamos representa lo que realmente es, y en el peor de los casos el otro tiende a destruir con alevosía y ventaja lo que no ha sido.

 

En el ámbito homosexual es muy común que los hombres se interesen en otro hombre a partir de su físico, está muy valorado un cuerpo esbelto, una cara atractiva, un sonrisa conquistadora, sin imaginar lo que hay detrás de ello. En la mujer homosexual varía un poco el asunto, la mujer tiende a ver más allá de lo físico, la mayoría, no todas, pero esa mayoría ve en las otras mujeres lo que hay dentro, o bien ve lo que ellas quieren que haya dentro, de cualquier forma, la homosexualidad tiende a buscar primero la apariencia, se está tan inmerso en un mercado donde el producto a vender es lo atractivo por su empaque, que se ve en las parejas un producto que se presume, independientemente si en lo privado él o ella sea el monstruo que no se presenta ante los demás.

 

Por lo general, que no es siempre, cuando el hombre o la mujer son los “guapos” de la relación, éstos tienden a esperar que el “feo” haga hasta lo imposible por mantenerlo a su lado. Es un dominio sobre el otro sabiendo que tiene la oportunidad de encontrar algo mejor que lo que tiene a su lado físicamente. Existe un cliché y esto no dista de lo anterior, la mayor parte de las personas guapas son imbéciles como seres humanos, porque saben que en este mundo, al menos en México con un rostro agradable, una estatura promedio, un cuerpo atractivo, es más que suficiente para obtener una atención singular, por lo tanto no hay necesidad de reelaborar lo otro. Antes eran los apellidos, hoy en día es la apariencia, de ahí la frase: la primera impresión es la que cuenta, aunque después sea lo inesperado. Es por ello que muchos de los hombres y las mujeres que se creen inferiores físicamente frente a su pareja tienden a hacer todo lo que está a su alcance por retenerlos, lo mismo da perdonar infidelidades, como malascaras, groserías, y hasta maltrato físico y psicológico. Pero es que es eso, la gente está tan acostumbrada a ver lo que hay por fuera, lo mismo en un producto como en una persona, es decir, nos hemos convertido en productos al portador, que basta con poner un precio para ser comprado y otro para ser pagado.

Habrá quienes aprovechan su “fealdad” como un adorno más, esto es más común entre los hombres homosexuales, se saben “feos” y es por ello que le invierten tremendas cantidades de horas frente a un gimnasio tratando de tener el mejor físico posible, muchos lo logran, y es tan válido como aquel que se prepara todo el tiempo por ser mejor persona, pero, ¿qué sucede cuando el otro se muestra tal cual es, o mejor dicho, cuando vemos que el otro es quien realmente es y no lo que hemos idealizado? La fantasía termina, se acaba, finaliza esa infatuación que muchas veces se le llama malamente amor, y es entonces cuando se despotrica contra la otra persona haciendo de ella lo peor del universo. Tanto uno como el otro es tan culpable como el que idealiza como el que se deja idealizar. Al final de cuentas cada quien tiene lo que merece. No es cuestión del destino que alguien esté con alguien más, es cuestión de decisión, elección propia, tanto de uno como del otro. Aquí lo justo sería el poder ver a las personas tal cual son, que para ello sería necesario que nosotros mismos nos mostrásemos tal cual somos. Entre la conquista y el coqueteo nosotros mismos nos hemos inventado máscaras que son difícil de continuar en actuación, pero es eso lo que llama la atención, la gente se enamora de una máscara, ya no sólo la física, sino la que se cree es la interna, la “verdadera”.

 

Mientras la gente aprenda a saber SER y se comporte a la altura de sus virtudes y defectos, será en la medida en que sea respetado y valorado por lo que es, no por lo que pretende ser, y es entonces cuando lo feo, lo guapo, lo gordo, lo flaco, lo imbécil, lo culto pasa a un segundo plano, porque se quiere a la persona por todo lo que encierra, no para aferrarse a algo, sino para saber que quien está a tu lado ha sido la mejor elección de ambos.

 

La mujeres siempre buscan algo mejor. Los hombres buscan lo primero que funcione.

 

Dentro de las relaciones homosexuales, sin excluir a las heterosexuales, los hombres y las mujeres por lo general buscan cosas distintas. La mujer tiende a buscar en su pareja algo que cumpla o supere las expectativas, mientras que el hombre, por naturaleza, busca lo primero que pueda funcionar. La relación entre ambas es simple, mientras que el hombre va por la vida buscando lo sencillo y lo agradable, la mujer va buscando lo complicado, es decir, lo que le haga sentir que realmente está en busca de algo que valga la pena. Esto es común para el tipo de cultura al que pertenecemos. En América Latina aún sigue perneando la imposición machista por sobre todas las cosas, no por nada aún la mujer sigue soñando con tener una relación que pueda durar para toda la vida, es decir, la pareja que eligen la elige con esa idea, que dure lo más que pueda, mientras que el hombre la elige pensando en que dure simplemente lo que deba durar.

 

El hombre homosexual está acostumbrado, por lo general, a obtener lo que desea siempre y cuando no le cueste mucho el lograrlo. Es por eso que cuando el otro se hace del rogar, es más común que el que estaba interesado pierda todo interés y busque en otro lugar lo que en éste no pudo. La mujer, en cambio, entre más difícil le sea se acostumbra a seguir luchando, a ser persistente en lo que pretende hasta lograrlo. Pero no ocurre esto en las parejas heterosexuales, al menos no en su mayoría, al contrario, tanto el hombre como la mujer tienden a luchar por lo que sea posible alcanzar. Aunque cabe mencionar que muchos de estos hombres no saben bien a bien qué es lo que realmente buscan porque una vez que lo tiene decide por seguir buscando. Para el hombre es más fácil llegar a donde quiere llegar, el sexo, mientras que para la mujer es una etapa secundaria pero no menos importante, es por eso que la mujer puede esperar y mantener una relación, mientras que el grueso de los hombres no.

 

Para la mayoría de los hombres, sin distinguir preferencia sexual, una relación comienza por el sexo, es a partir del sexo que le hará decidirse si quedarse en la relación o seguir buscando; sin embargo, es mucho más común que al hombre le cueste deslindarse de su primer relación sexual y máxime cuando en ésta hubo algún vínculo afectivo. Al hombre le cuesta trabajo dejar ir a la pareja con la que disfrutó su primer encuentro y un sinnúmero de encuentros posteriores, es más factible ver al hombre enganchado en una relación que ya no existe a una mujer.

 

Para la mayoría de las mujeres su primer relación sexual no es tan fuerte como para el hombre, y mucho menos si en ella no hubo ese vínculo afectivo que tanto había estado buscando. Es por eso que para la mujer le es más fácil continuar con lo que busca sin estancarse por mucho tiempo en lo que no pudo ser con alguien más, tiende más a dejarlo ir y continuar. Y todo esto por cuestión de madurez, es decir, cuestiones que únicamente el sexo mujer lo puede comprender.

Tanto el hombre como la mujer construyen una idea del amor, del sexo, de la relación, pero no siempre es la misma ni siquiera parecida, por eso es tan difícil poder encontrar alguien afín a cada quien. Para que haya una relación fructífera es necesario de esa compatibilidad, esa química que existe en ambos para continuar con lo que se pretende. Si hacen un recuento de sus amores presentes y pasados podrán encontrar en la mirada del otro la verdad de la pasión, del deseo, de la perpetuidad. La mirada es parte medular de una relación, es de ahí que se entiende el dicho: “De la vista nace el amor”. Somos entes acostumbrados a la mercadotecnia tanto, que incluso en la misma relación vemos lo que nos gusta, primero comienza por el físico y después vamos agregando categorías que superan lo superficial. La mirada es la constante esencia del enamoramiento, que auque sepamos que el enamoramiento se conduce por descargas químicas, aún así podemos encontrar a partir de la mirada el gusto por permanecer donde queremos. No es del todo el 100%, habrá quienes desde un inicio no sea el físico lo que llama su atención porque no ha sido ésa su intención desde primera instancia; sin embargo, al pasar el tiempo y llegar a enamorarse seguramente podrán decir que el físico también es parte del gusto, y es que el gusto es tan subjetivo como tener lugar para gordos, altos, delgados, chaparros, morenos, blancos, etc. La manera en que la mujer va perpetuando esta idea es en la medida en que sabemos que suele comprometerse más que un hombre, o bien en la medida en que suele tener una estabilidad más que el hombre.

 

El hombre aunque su preferencia sea homosexual no tiende a utilizar la mirada como medida para enamorarse, sí para tener una relación física pero no para perpetuar las veces del amor, claro que hay sus excepciones pero sabemos bien a bien que son mínimas, y son las que realmente perduran, persisten, continúan sin buscar en otros lo que ya tienen a su lado. Si el hombre se abriera un poco más, si el hombre explorara su parte femenina como género, es decir, como ideología, las relaciones homosexuales entre hombres también serían duraderas, estables, continuas. Para el hombre la mirada queda donde termina la seducción, mientras que para la mujer termina cuando la pareja se despide, es decir, la mirada se vuelve un elemento eterno mientras la relación continúe.

 

Dentro de esta misma serie de gustos encontramos que los hombres homosexuales en nuestra cultura tienden a buscar primero un físico que atraiga porque es a partir del físico que se dará la relación sexual, mientras que para la mujer, aunque el físico también es importante, no suele ser lo primero en lo que se fija para atraer a la otra. El hombre homosexual entre mayor sea en edad, y entre mayor kilos encima tenga va perdiendo cotización en el mercado y no le queda más que esperar a que gente con gustos fuera de lo “normal” desee adquirir tal mercancía, es eso, el hombre homosexual se ha posicionado como mercancía al portador, entre más joven y más guapo, mayor será la posibilidad de tener una pareja sexual, más no una pareja sentimental.

 

Para la mujer el amor aún existe. Para el hombre el amor sigue siendo una utopía.

Vivimos en una generación de nacimientos pero aun no nos damos a la tarea de mejorar la raza dándole importancia a los sentimientos que rigen nuestras vidas, negando que mediante ellos encontramos la verdad a nuestras preguntas. Sentimientos que se vuelven filosofías para dar respuesta a la verdad del hombre.

 

Soledad

La soledad es un sentimiento de vacío. La soledad es estar en una oscuridad brillante, en una claridad sin luz. La soledad es encontrase entre la turba y sentirse aun solo; es estar vacío de amor, vacío de ilusión, vacío de amarse y sentirse amado.

“Cuando uno se ama sin limites, así, puede amar a otro y al amar a su prójimo estará amándose a sí mismo pues de uno mismo nace el amor.”

            La soledad vive en cualquier hombre de cualquier edad, pero no cualquier hombre puede vivir en soledad. Para vivir en soledad es no necesario carecer de compañía alguna. La soledad se puede dar a nivel personal, interpersonal, grupal, masivo y global. Lo podemos ver en un noviazgo, en un matrimonio, en una comunidad religiosa, en un gobierno, en un país, en el mundo.

El vivir en soledad y el sentir la soledad es la falta de amor y autoestima, es decir, aquella persona que se ama, se acepta, sabe su identidad, jamás será una persona sola, pues siempre se tendrá a sí misma para seguir adelante siendo en uno mismo.

 

Una persona en soledad es aquella que carece de la realidad de un amor, aquella que no sueña, ni tiene ilusiones; aquella que vive en vacío y no sabe el por qué, pues si lo supiera buscaría y encontraría la manera de llenarlo. Así viven cientos o miles de homosexuales hombres o mujeres que han dispuesto su condición sexual hacía una vida solitaria.

 

 

¿Que es la soledad?

La soledad es un sentimiento de vacío.

Desde la existencia del hombre hasta la actualidad, según la Antropología Filosófica, se ha descubierto que es preciso tener a alguien con quien compartir sus sentimientos, alguien con quien comunicarse, a quien amar y que este amor sea recíproco. Pero también sabemos que no todos los hombres son felices aunque tenga a alguien a su lado. Llegamos a comprenderlo cuando nos damos cuenta del vacío que lleva dentro y que nadie lo puede llenar. Sin embargo no podemos asegurar que la soledad sea la razón de la infelicidad, simplemente la soledad es uno de los factores que influyen para que el hombre no encuentre esa felicidad que lo hará vivir plenamente su vida e identidad.

 

De acuerdo a lo que vamos descubriendo con el sentimiento de vacío, podemos llegar a concretizar que existen dos clases de soledad o una soledad que abarca dos polos, el polo espiritual y el polo físico del hombre.

Por soledad física nos referimos a esa falta de tener a alguien a nuestro lado, sabiendo que siempre estará con nosotros.

Por soledad espiritual debemos entender aquella que en el interior del hombre existe como vacío, que no puede ser llenado con la compañía de otro sino con el amor, pues la soledad espiritual se da a partir de esos problemas psicológicos de desamor, de desinterés, de patrones de conducta familiar.

 

Habrá hombres y mujeres que les guste el vivir en soledad pero no en ninguna de las anteriores, sino en una soledad que se convierte en intimidad, así, el hombre gusta el vivir en la intimidad de uno mismo, conociéndose y comprendiendo la mejor manera de amar a los demás. Cosa que no es común entres los homosexuales, el homosexual tiende a evadir su realidad brincando de cama en cama, gozando por un instante las pieles ardientes de deseo para terminar igual de vacíos como comenzaron.

 

Estilos de vida y soledad

Como decíamos anteriormente la soledad existe en cualquier hombre de cualquier edad, eso implica que la soledad también está dentro de la decisión tomada para vivir un estilo o vacación de vida.

El matrimonio es la unión de dos personas que se aman y deciden unir sus votos para toda la vida jurando y prometiendo cosas que pretenden sostener, sin embargo, también dentro del matrimonio se dan esos problemas de identidad, esos problemas que el matrimonio viene arrastrando como patrones de conducta familiar que vienen a repercutir en el matrimonio. La soledad puede ser unos de esos patrones de conducta a repetir, ya que el no querer cambiar el sistema que se ha estado llevando a cabo como patrón, ese no darse a la tarea a darle importancia al mal que causamos a terceras personas. Muchas veces es la soledad que no hace madurar a la persona y la hace meterse en sí misma para conocer la realidad que existe en ella.

 

La mayoría de los matrimonio fracasan por ese vacío y ese no saber por qué, pero si diéramos tiempo a la soledad lograríamos encontrarnos con nosotros mismos que nos gritará el valor de nuestras vidas que dieran solución a los problemas personales que generan problemas interpersonales.

 

            La soltería y el celibato son otros de los estilos de vida que varios homosexuales optan, pero la verdad nunca se dan a la tarea a ver el por qué su decisión, a ver más lejos de lo que vemos en esas personas, si lo hicieran, se darían cuenta que la mayoría de esas personas llevan en sí ese vacío que no logran definir, y que por consiguiente no logran aceptar vivir y unir sus vidas para toda la vida o lo que dure con otra persona. La soledad vuelve a relucir como vacío de identidad, de dirección, de no saber el por qué de sus tristezas y amarguras.

Es más fácil para el homosexual optar por vivir solo aunque siempre esté buscando el amor, a comprometerse a una relación de pareja, la razón es muy simple, y a la vez compleja. El homosexual tiende a ser más carnal que humano, reduce su condición sexual al placer y al deseo, pero no siempre al saber quién es, qué quiere en la vida, qué busca, es por ello que es muy común encontrar la promiscuidad entre este sector social, ya que el no tener una identidad propia continua en busca de ella sin quererla encontrar.

 

Ser un hombre o una mujer sola no implica estar amargado, si es decisión propia implica saber qué es lo que quiere, sin miedos, si no entonces estaríamos frente a unos de los problemas más grandes que existen en el homosexual: La no identidad propia.

 

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