01 Diciembre 2014

EL DISCURSO OCULTO DE LA SEGURIDAD SEXUAL

 

El machismo en la actualidad sigue imperando como una cultura que no respeta género, sexo, mucho menos preferencia sexual. También el homosexual se rige bajo estos parámetros de manera consciente e inconsciente.

 

Una de las preguntas obligadas cuando alguien tiene interés en el otro es saber si es activo o pasivo en una relación sexual.

 

Activo es aquél que penetra, y pasivo aquél que se deja penetrar. Independientemente de los gustos, aunque sucede mayormente entre los hombres, las mujeres no quedan exentas de estas preferencias de cama. Sin embargo, la sociedad ha marcado a los pasivos como algo peyorativo, y automáticamente se denigra la idea de ser quien se deja penetrar como una sumisión, y por lo tanto un modelo prescrito como femenino. Es decir, se tiene la idea que aquél que es pasivo se le considera como un ente que se rinde ante el sexo, aquél que se deja humillar, ultrajar, violentar porque no es ni tan fuerte ni tan hábil para ser activo, pero este error de apreciación únicamente puede devenir de la idea machista que se tiene en la cultura. “Si el hombre es quien provee y quien se cataloga como sexo fuerte, es quien debe ser el activo, quien debe penetrar, mientras que aquél que recibe, que espera se cataloga como sexo débil y se deja penetrar”. El problema radica en querer hacer un binomio de la relación heterosexual en la relación homosexual, y tanto es el problema que cuando alguien dice que es pasivo se le condena a ser un “joto”, mientras que aquél que es activo se le valora por ser un “cabrón”.

 

Dentro de estos círculos sociales hay de todo, habrá quien disfrute más de ser activo o de ser pasivo, pero es igualmente una preferencia de cama, una manera de sentir y vivir la sexualidad; sin embargo, existe un miedo y un rechazo a todo aquél que se declare a sí mismo como pasivo, y volvemos al mismo punto, es una idea machista, una concepción errónea que no concibe la forma de pensar y de sentir como algo distinto. Es por eso que la ofensa mayor entre los homosexuales es llamarse pasivos y peor aún con un grado peyorativo mayor “pasiva”. Al homosexual que es pasivo se le cataloga como algo inferior, porque el activo es el chingón, el capaz, el que tiene el poder y el mando sobre el sumiso. El activo, desde la óptica psicoanalítica busca en su preferencia una manera de reivindicarse, de volver al poder que, por ser homosexual, “ha perdido”. Pero todo parte de la sociedad en la que se desenvuelve, la cultura, la ideología. Se podría decir que al menos un 80% de los homosexuales activos buscan inconscientemente este poder, este lugar que han perdido por no ser como el hombre heterosexual. Es por eso que es más común que entre estas preguntas importantes la mayor parte de los hombres homosexuales respondan ser activos, porque ser activo implica tener respeto porque no es el chingado sino el que chinga. Por otro lado un 20% de los homosexuales prefieren y estipulan sin miedo su preferencia por ser pasivos porque saben disfrutar, sin miedos, de lo que han decidido como preferencia sexual. (El siguiente miércoles tomaré de nuevo este tema para hablar de los comportamientos que catalogan al homosexual como un ente sexual según su cultura).

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