"Siempre he estado en contra de las marchas homosexuales, sus carnavales y caravanas vestidas de colores"

Siempre he estado en contra de las marchas homosexuales, sus carnavales y caravanas vestidas de colores, con gente que participa en ellas haciendo alarde de una preferencia sexual diferente al resto.

Hace poco me pregunté cómo podríamos cambiar la ideología de la gente para no fomentar ni continuar con la homofobia, en lo que pensaba llegué a una reunión de desconocidos a donde fui invitado a celebrar la unión de una pareja (heterosexual), entre los comensales había un señor de algunos 50 años de edad, profesionista, que con unas copas de más no se cansaba de hacer alarde de su preferencia homosexual. En particular no me importó mucho sino hasta que comenzó a hablar de los derechos de los homosexuales desde la óptica del derecho, él es abogado. Trataba de convencer a los comensales varones heterosxuales a no discriminar, a no fomentar la homofobia. Platicó de sus historias que le tocó vivir en los años 70 y 80 en la ciudad de Tijuana, las redadas, los maltratos por la policía, etc., pero cuando comenzó a criticar a los varones por no aceptar la homosexualidad, la situación se puso más interesante y quise aproximarme a los hechos.

Sus argumentos eran tan vagos como los recuerdos, argumentaba que también los homosexuales eran personas como todos, que también tenían sentimientos como cualquiera, que también tendía derechos a ser incluidos como un sector a parte. Justo esta última frase llamó mi atención y me acerqué. Les pedí a los comensales con mucho respeto que escucharan lo que el hombre quería expresar, y que al terminar dieran ellos su contra argumento del por qué no aceptar a este "sector". Como maestro que suelo ser, y algunas veces mediador, atendieron a mi petición, escucharon detenidamente lo que este hombre podía defender.

Sus argumentos iban y venían de la misma forma, con diferentes palabras pero sin dar argumento para converncerlos que lo que decía tenía sentido.

Cuando terminó, los comensales quería responder con ofensas, a lo que intervine y les dije:

-Yo estoy en contra del matrominio homosexual, de la adoptción homoparental. Si existe una ley, un derecho que ampara a estas parejas bajo el nombre de Ley de Convivencia que ha estado vigente por años dentro del país, no entiendo por qué pelear por algo que ya existe. La Ley de convivencia estipula que se puede crear una sociedad entre dos personas, donde éstas reciben derechos tanto como oblicagiones, los ampara ante la ley, lo mismo que un matrominio pero sin el título de matrominio.-

Busqué referencia con el abogado y éste dijo que era verdad lo que decía de la ley.

-También estoy en contra de la adopción homoparental cuando la ley dice que todo adulto mayor de 25 años, soltero, tiene el derecho a adoptar, siempre y cuando cumpla con los requisitos que la institución establezca. Si yo como ciudadano tengo el derecho adoptar, y si deseo adoptar es porque pretendo y quiero darle una calidad de vida a un huérfano, basta con hacer valer el derecho que me corresponde..

De igual forma se lo pregunté al abogado y de la misma manera dijo ser verdad, que eso mismo estipulaba la constitución. Y entonces quiso él argumentar.

-Sí, pero nosotros debemos ser reconocidos por la sociedad y tener una ley de convivencia que se llame matrominio gay como los heterosexuales, tenemos el mismo derecho; también tenemos derecho a adoptar y poderle dar el apellido de los dos, de la pareja, bajo un acta de matrominio gay que sea base de los hijos adptivos.-

Los comensales ahora era un grupo mayor, más gente comenzó a unirse a la exposición de ideas, aún ninguno de ellos se atrevía a participar pero veían interés en lo que escuchaban, sin necesidad de alzar la voz, de pelearse, de maldecir o discriminar, simplemente escuchaban.  Y entonces cuestioné lo que el abogado dijo.

-¿Entonces tú crees que para crear conciencia es necesario que todo mundo se entere de tu preferencia y que haya documentos que te avalen como tal?, ¿estás queriendo decir que al momento que la gente acepte al homosexual la homofobia será erradicada?, ¿quieres decir que es más importante el peso moral de un acta de matrimonio, de un acta de adopción homoparental que el fin último de estos dos derechos?-

-No, yo sólo digo que también tenemos derechos como los demás.-

-Y yo te digo que esos derechos ya los tienes desde hace mucho tiempo.-

-Pues sí, pero es necesario que la gente entienda que existen otras preferencias homosexuales.-

-Ah entonces no estás luchando por un derecho, sino por una aceptación, que va de la mano con el rechazo que te ha tocado vivir, a ti  a muchos, buscan en las marchas el hacerse notar como HOMOSEXUALES, pero no como ciudadanos.-

La tensión se hacía más intensa, y a la vez más interesante, busqué los rostros de los comensales y les cuestioné.

-¿Ustedes irían, apoyarían a una marcha gay así como la plantea el abogado?-

-Yo no- dijo uno al que se le unieron muchas de las voces de hombres y mujeres presentes.

-¿Y si les pidiera que apoyáramos a los ciudadanos que buscan que sus derechos como CIUDADANOS sean reconocidos, sin colores, sin tintes gays, sin caravanas ni carnavales, apoyarían?

La mayoría respondió que sí, porque es muy diferente el tener el conocimiento de los derechos que no se están haciendo válidos a salir a la calle con el disfraz más impactante para ser reconocidos y etiquetados como homosexuales.

El homosexual NO es un tercer sexo, ni un tercer género, siguen siendo, antes que su preferencia, un hombre o una mujer, y frente a la política son CIUDADANOS.

El abogado decidió marcharse y me dijo que no era posible convivir con gente tan cerrada, se marchó.

Cuando me quedé a solas con los comensales regresamos al tema, y muy abiertamente expresaron su malestar con esa clase de "argumentos", los mismos que por años han escuchado, o más bien visto porque el homosexual de marchas y asociaciones no ha aprendido que el activismo está en la acción, no en la acción de salir a las calles y vestir de una forma peculiar, ni de gritar o traer un letrero que diga que es homosexual, sino de hombres y mujeres que salen a la calle a luchar por sus derechos. Simplemente en esta reunión con más de 20 personas interesadas se logró aceptar la idea de luchar por los derechos por igual, así como luchar por los derechos de los indígenas, por los derechos del niño, de la mujer, etc, pero no con títulos y subtítulos, sino con el emblema de lo que somos como CIUDADANOS.

Los homosexuales critican la moralidad de otros y no observan su propia moralidad donde ellos mismos se discriminan y se hacen discriminar. Autoetiquetándose como minoría están fomentando la discriminación y peor aún la homfobia. Si aprendiéramos que la preferencia sexual corresponde a cada quien en lo privado, en lo individual seguramente más gente entendería que existen preferencias diferentes. Y que si el homosexual sale a la calle vestido de mujer o como mujer es muy su derecho, tanto como quien decide vestirse a cuadros y círculos, o como quien decide salir a la calle y ser centro de atención por su forma de hablar, vestir o caminar.

Uno de los comensales dijo:

-Entonces no soy homofóbico, simplemente me caen gordos los homosexuales que a toda costa buscan mi aceptación como homosexuales cuando ya los he aceptado como hombres y como mujeres.-

No toda la sociedad es homfóbica, más bien está en contra de este exhibicionismo, los verdaderos homofóbicos habría que revisarse psicológicamente porque detrás de una homofobia hay un homosexual encerrado, no lo digo yo, lo dicen estudios académicos.

Al finalizar la velada alguno de ellos me preguntó si yo era homosexual, respondí que sí, a lo que él respondió:

-Mira que diferencia eh, tú hablas desde una razón, el abogado habló desde un sentir.-

-Y sólo para informarte, soy maestro, soy hijo de familia, soy amigo, y antes que la gente me etiquete como homosexual, soy todo lo anterior y más, así que mi preferencia es eso MI preferencia no algo que deben saber los demás, cuando me lo preguntan respondo, pero si no me lo preguntan no tengo por qué decirlo.-

-En ese caso-, me dijo, -si ellos buscan ser reconocidos por preferencia sexual debían hacer lo mismo los negros, los indígenas, los violadores, los pedófilos, los narcotraficantes, etc.-

-Los negros son más dicriminantes porque viven del pasado, y entre ellos mismos permanece la discriminación, al grado que están llegando los homosexuales; los índigenas, ahí sí, no son tomados en cuenta en este país, cosa que también la constitución les otorga sus derechos como ciudadanos, y ellos no salen a la calle a decir soy indígena, sino soy MEXICANO, CIUDADANO, y exigo los derechos que me corresponden. En cuanto violadores, pedófilos y narcotraficantes es un delito, porque rompen la moral y la estabilidad social, no podemos incluirlos en marchas en pro de ellos.-

-Bueno, me quedó claro, pero algo no entiendo aún, los homosexuales buscan ser incluidos en la sociedad, y ¿cuándo ellos se incluyen en la sociedad?, ¿también salen a las calles a luchar por cuestiones que no sean homosexuales?, ¿han luchado por las Muertas de Juárez, por los asesinatos en el sexenio de Calderón, por la lucha de los maestros en la reforma del ISSTE; en contra del narcotráfico?-

-Al menos en Tijuana no, en Tijuana son un grupo bastante grande y trabajadores en pro de ellos mismos, para ellos mismos y sobre ellos mismos, no critico su tiempo invertido, critico su ignorancia y su exhibicionismo.-

-¿Entonces por qué luchan por ser incluidos si ellos mismos no se incluyen en la sociedad?-

Muy buena pregunta par ser respondida por estos grupos activistas, que alguien más que no pertenece a su sector lo cuestione es interesante, sobre todo porque aún hay forma de cambiar la ideología retrógrada de la sociedad, pero no de esa forma, sino con ideología misma. Los homosexuales no tienen una ideología propia, si no, basta con escucharlos, leerlos, verlos. La ideología es una forma de pensamiento, una manera de pensar con argumentos y bases desde lo filosófico hasta lo político. Muchos de ellos se aprenden discursos que proclaman a gritos, con pseudo argumentos que desconocen o no saben defender, es más fácil que hablen desde las entrañas a que lo hagan desde la razón.

El activismo no está en las marchas en las calles, está en el día a día y con el ejemplo como hombres y mujeres, lo que gusten como preferencia sexual es muy a parte.

Luchemos por los derechos que ya existen, y entones sí podremos comenzar a reformar las leyes donde no dejen fuera a una pareja de personas con la cláusula de pareja entre hombre y mujer. Que por si aún se desconoce el dato, la constitución ya ha sido reformada donde ahora aparece como la unión de dos personas.

El ativismo radica en hacer valer los derechos no el exhibirse y apuntarse con el mismo dedo de: Mírame soy homosexual.

 

 

 

Hoy por hoy, en distintas sociedades aún se vive la discriminación hacia los homosexuales, al igual que existen aquellas campañas por una homosexualidad libre de discriminación. La gente ve a diestra y siniestra el comportamiento de grupos opuestos a favor o en contra de los homosexuales, pero, ¿realmente se necesita educar a la sociedad en términos de reconocer al homosexual por una preferencia? La respuesta es NO, se necesita educar a la gente que existen hombres y mujeres con ideologías diferentes, no con preferencias. La preferencia es algo propio del ser humano, es una característica individual que no debe ni tiene que abanderarse como estandarte para dar a conocer una identidad.

Considero que el error más grande es querer demostrar un “tercer sexo”, un “tercer género”, cuando no lo hay, cuando no existe esa distinción. Hay dos sexos HOMBRE y MUJER. Hay preferencias, sí, heterosexual, homosexual, bisexual, etc., pero no por ello es menester salir a las calles a luchar por algo que no corresponde.

Lo que sí corresponde es luchar por los derechos que se tiene como individuo, como ciudadano, como hombres y mujeres que desean ser parte de las garantías, los derechos y obligaciones que la Constitución le otorgue.

Para que la discriminación sea algo como tal se necesita de etiquetas y sólo a partir de ellas la discriminación se vuelve la ofensa a terceras personas. Para discriminar a los negros sólo se necesita, bajo su color, etiquetarlos como negros, para discriminar a los indígenas sólo basta con ponerles la etiqueta de indígenas, así mismo basta con que al homosexual se le etique como tal para discriminarlo; y pregunto: ¿No es acaso el mismo homosexual el que se etiqueta al decir que es gay y desea ser reconocido como tal?

¿Por qué tendría que luchar por un matrimonio homosexual?, ¿por qué lucha por ser incluido como si fuera alguien a parte?

Al momento que el homosexual lucha por el matrimonio con nombramiento y título: Matrimonio Homosexual, automáticamente se está etiquetando.

-Reconóceme, soy gay, y quiero el mismo derecho que los heterosexuales.-

Ante esta sentencia encuentro una paradoja tajante:

-NO me discrimines por ser homosexual, pero sí reconoce mi etiqueta como tal-

Uno de los argumentos más estúpidos que a menudo escucho es:

-Ellos también tienen sentimientos-, ése “ellos también”, los cataloga como algo aparte como si fueran extraños a los hombres y a las mujeres, como si fueran un ser viviente diferente al ser humano.

Traigo a colación este tema porque en la semana me encontré con algo que desconocía en virtud de las inmobiliarias, el nuevo INFONAVIT ROSA, que está dirigido específicamente a las parejas homosexuales que deseen comprar una vivienda.

Primeramente me causó asombro que más que ser parte de una NO discriminación automáticamente se esté discriminando al ponerle una etiqueta, y para variar el uso del color rosa. Identificar al homosexual con colores, con nombres, con títulos no nos hace que seamos tolerante y “eduquemos” a la gente a ser tolerantes también, al contrario, considero que plantea más directamente la discriminación. De ser así ¿estaría entonces el homosexual de acuerdo con tener letreros en el servicio público, en el transporte, en los restaurantes, en las escuelas, baños para hombres, mujeres y homosexuales?

La misma homofobia es provocada por la gente que pretende, a como dé lugar, demostrar su preferencia sexual.

La homofobia y la discriminación se combate con EDUCACIÓN, una educación donde se demuestre que se tiene la misma libertad de credo como de preferencia, sin andar por las calles gritando que son católicos, mormones, homosexuales o testigos de Jehová. El derecho lo tenemos todos a hacer de nuestras vidas lo que deseemos, así mismo tenemos las mismas garantías como ciudadanos por ser hombres y mujeres de una nación, no por tener un gusto o una preferencia sexual diferente. El INFONAVIT debe estar abierto a los derechos que tienen dos hombres o dos mujeres a comprar una vivienda, el matrimonio debe tener el mismo derecho para dos hombres o dos mujeres que desean ampararse jurídicamente. La educación sobre el homosexual no versa en educar a la gente a que existen personas diferentes, sino que todos somos iguales bajos los mismos derechos que nos rigen.

Eduquemos sin etiquetas, sin enseñar a los demás que ser homosexual es lo diferente, lo diferente está en la manera de pensar, en la ideología, no en la preferencia. Ser homosexual es sólo una característica más del individuo, así como ser alto o bajo de estatura, de complexión delgada u obsesa, de tez blanca o negra, de ojos grandes o pequeños; ser de inteligencia alta o promedio, ser literato o abogado. Simplemente es una característica más.

La inclusión de pelear por los derechos del homosexual no debe ser en función de una preferencia sino de un derecho que se tiene como hombre o como mujer, entonces, sólo entonces estaremos educando a la gente a no etiquetar, a no discriminar por una preferencia, a no señalar al homosexual por una forma de vestir, de hablar o de andar.

Las Ciencias Naturales desde la Educación Primaria no tiene porqué enseñarles a los niños que existen hombres, mujeres y gays, porque los gays son hombres, los gays son mujeres. Hablemos en la educación que existen dos padres o dos madres sin etiqueta alguna. ¿No se utiliza el término de familia heterosexual cuando se enseña el núcleo e la familia, o sí?, la gente aprenderá que es parte de la sociedad simplemente con reconocerlos como parte de lo que somos, sin necesidad de etiquetas.

Estoy en contra del matrimonio gay, pero estoy a favor que un hombre se case con otro, que una mujer se case con otra por las cuestiones jurídicas que amparan a la pareja.

Estoy en contra del INFONAVIT Rosa, pero a favor de un INFONAVIT donde dos hombres o dos mujeres puedan comprar una vivienda.

Estoy en contra de la adopción homoparental, pero a favor que dos mujeres o dos hombres puedan exigir el derecho que tienen a adoptar y criar a un niño o a una niña.

De esta manera podremos erradicar la discriminación y salir a la calle en un activismo ciudadano sin tintes sexuales, pero sí con una firme visión de luchar por los derechos de los hombres y las mujeres, sin etiqueta alguna.

Nos hemos preocupado por educar con base a valores, pues comencemos entonces a educar el valor que tiene el hombre y la mujer por elegir lo que le plazca; y cuando un niño cuestione por qué dos hombres o dos mujeres van tomadas de la mano podamos responder que es por amor, sin necesidad de etiquetarlos por tener una preferencia sexual.

Si realmente te preocupas por la homofobia, la discriminación al homosexual, también preocúpate por los indígenas, por las mujeres golpeadas, por los discapacitados, por los pobres, pero no por la etiqueta sino por el valor que cobra cada uno de estos grupos como ciudadanos.

 

Reformemos las leyes para que todo hombre y toda mujer tenga derecho a sus garantías individuales y eliminemos de nuestro vocabulario los términos: homosexual, gay, lesbiana, indígena, discapacitados, etc., y seamos Hombres y Mujeres en lucha por una discriminación libre de etiquetas

01 Diciembre 2014

 

Hablar de la perfección del cuerpo humano siempre ha sido tarea de todo aquél que se atreve a admirar la belleza masculina o femenina sin importar su preferencia, sin embargo, estos temas cobran sentido aún más cuando hablar desde una preferencia sexual se le da el valor al cuerpo erotizado a partir del deseo y la pasión.

 

Dentro de nuestra cultura mexicana si bien el sexo ha sido un tópico tabú, hablar del erotismo es una aberración que no puede ser nombrada tan fácil como se puede apreciar, y terminamos por utilizar estos temas entre la gente de “mente pervertida”. El poder disfrutar el cuerpo del otro ya sea en imagen o en carne propia es un deleite que el cuerpo y la mente nos han regalado, y es ahí donde entra la preferencia de cada quien sin distinción de etiquetas, antes bien con la identidad de saber quién eres y qué disfrutas de la vida. La homosexualidad, hoy en día, ha terminado por verse como un tercer sexo, como una anormalidad, como una sociedad que se alimenta del pecado y de los bajos instintos, como lo llama la sociedad de mente pequeña: la iglesia, y los conservadores; sin embargo, es bien sabido que la homosexualidad ni es un tercer sexo, puesto que se trata de hombres y mujeres como únicos sexos que tienen gustos diferentes a lo que la norma dicta, y asimismo tiene las mismas necesidades de poder acariciar un cuerpo, una piel; tener entre sus manos, sus labios y su lengua la sensación exquisita de disfrutar lo que es placer. El erotismo lo hemos visto como un tema velado entre las creaciones artísticas, en canciones, en poesía, novelas, cuentos, cine, etc., pero qué hay de ese erotismo que se vive en las calles, en los bares, en las alcobas furtivamente abandonadas donde se desnuda el alma por aquel deseo inaudito de querer devorar el cuerpo que se asemeje a la idea que tenemos en mente, a poder disfrutar no sólo de las imagines que la mercadotecnia te impone y te vende a toda costa, sino de poder disfrutar de los cuerpos con la complexión y la belleza que le caracteriza, que lo mismo da un cuerpo grande a uno pequeño, a alguien joven que a alguien viejo, el cuerpo es cuerpo, la carne es carne y el erotismo es el erotismo desde el gusto de cada quien.

 

En el sentido estricto el erotismo no es más que la culminación de los placeres que las mujeres y los hombres tienen al contemplar y saborear el rincón escondido de los cuerpos en sus deleites. El erotismo es la sensación de arrancar el alma ese deseo escondido que se atreve a asomarse cuando se ve por encima de la ropa el cuerpo desnudo del otro, donde lo imaginas a tu lado acariciando la piel que habita, la piel que revienta en esa necesidad de una caricia urgente. Hablar del erotismo no debiera ser un tabú, mucho menos en la gente que ve más allá del cuadrito establecido por la sociedad y sus malas costumbres; el erotismo es de cada hombre y mujer que se atreve a vivirlo, ¿cómo puede la iglesia llamarle pecado cuando una Teresa de Ávila, una Sor Juana Inés de la Cruz, un Juan de la Cruz, manifestaban a través de su poesía aquella exaltación del sentimiento erótico velado por la realidad de un dios que se complacía en sus deseos?, o bien, ¿cómo pueden los conservadores ofenderse con tales temas cuando sus alcobas son violentadas de la misma manera en que ellos fueron concebidos bajos los instintos de esa pasión que le llaman procreación? El erotismo no es un tema que deba ser escondido para hablarlo a susurros detrás de las paredes, el erotismo es la viva imagen del hombre y la mujer en deseo, en ese deseo que va desde la mirada hasta una piel completamente desnuda. Éste debiera ser un tema que debiera tratarse desde educación primaria donde se le haga consciente al niño de su cuerpo, de su experiencia, de su posibilidad de experimentar el gusto por su cuerpo y el cuerpo del otro, que vaya generando expectativas en la eterna búsqueda de la verdad en el deseo, para que cuando llegue a una edad en la que desee experimentarla, sepa bien a bien lo que está por saber su cuerpo, lo que está por encontrar sus cinco sentidos, al tocar una piel, al verla, al escuchar la respiración de su contrincante, al saborear a través del gusto la delicia de aquella piel que desea, al oler ese humor tan peculiar que cada quien posee para guardarlo en la memoria como único hacedor de pensamientos sublimes.

 

El erotismo no es sólo de los heterosexuales, sino de todo aquél que se proclame como hombre o mujer cualesquiera sea su preferencia, sin importar condición física o estrato social, sin importar ideologías o creencias, sin importar cultura o nacionalidad. A estas horas en las que estas letras sean leídas millones de habitantes estarán disfrutando de ese erotismo tan propio y único que sólo puede ser de ellos mismos, ya sea en las alcobas que se encienden en la hoguera de una pasión, en las banquetas de un parque iluminado, en los coches escondidos entre las sombras, en los hoteles, en las cárceles, en los seminarios, en las escuelas y en los claustros, donde nos aguardan que nosotros seamos uno más que se sume a ese sentimiento de poder abrazar con la piel la del otro.

 

Hablemos del erotismo como hablar de política o religión pero con un sentido divertido, donde se pueda compartir las experiencias de los demás, donde se pueda ver la verdad de la otredad que anhela liberar las palabras no dichas y las acciones ocultas tras la sensación de sentirse vivos. Hablemos del erotismo como un tema cotidiano que hable del clima, de la calentura de los cuerpos cuando se acercan a otros, y de ese poder mágico que puede llegar al amor mismo. El erotismo no es la pornografía ligera de los homosexuales ni de los heterosexuales de mente abierta; el erotismo es del hombre y de la mujer que se atreve a vivir sin mayor remordimiento que el de no haber podido ser erotizado por la pasión de sus instintos.

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