01 Diciembre 2014

UNA FICCIÓN ENTRE LA REALIDAD HOMOSEXUAL

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Tal parece que hacerse sordos y ciegos al dolor ajeno es parte de un recuerdo y un olvido que se ha quedado atrás en el dolor de la sociedad.

 

Las mujeres son invaluables, como igualmente lo son los hombres; sin embargo, en la actualidad se ha olvidado el dolor ajeno, la siniestra mano que amenaza y destruye las vidas de tantas mujeres en Ciudad Juárez, en México y en el mundo entero. Hasta el día de hoy miles de mujeres han sido olvidadas por las autoridades ante la desaparición, el secuestro o el feminicidio. Se ha vuelto una cifra más en los estándares de violencia mexicana sin percatarse de la realidad que acarrea toda esta situación.

 

Esta grave situación comenzó ya hace tiempo en Ciudad Juárez donde dio inicio el alto índice de mujeres desaparecidas, muertas o secuestradas. Muchas de ellas mujeres homosexuales que luchaban por su derecho a ser respetadas. Muchas otras como mujeres simplemente, sin etiquetas, que alzaban la voz para que la sociedad se diera cuenta que existían, y justo en ese momento, con esa misma fuerza de alzar la voz, así mismo fueron arrancadas de sus familias como madres, hijas, hermanas, amigas.

 

Las comunidades homosexuales en México piensan que no pasa nada, o bien se hacen ciegos y sordos a lo que ocurre alrededor, mucho se cree que las únicas víctimas de ser valoradas son los activistas hombres o mujeres. Muchas mujeres y hombres homosexuales han muerto en la eterna lucha por sus derechos, pero al igual, también, muchas mujeres siguen siendo víctimas de las atrocidades de un gobierno mezquino, de una sociedad recalcitrante, del machismo que ataca por doquier para aniquilarlas a como dé lugar.

 

Quizá el “problema” de muchas es el no haber pertenecido a una comunidad homosexual que ahora vele por su desaparición, o aquella comunidad que sigue alzando la voz en pro de una libertad de ser mujer. El homosexual vive en una burbuja de jabón sin darse cuenta de la realidad que le rodea. Al menos para la mayoría es más fácil olvidar lo que ocurre en México con las muertas de Juárez o de todo el país, que continuar con una vida entre la farándula y la fantasía. Alzar la voz para reclamar al gobierno sobre cada una de nuestras mujeres desaparecidas es también parte de una realidad que debe vivir el homosexual como ciudadano, pero tal parece que esto pasa a un término que no amerita reglón en su abecedario, en su historia, en su tiempo y espacio.

 

Es más común encontrar unión en estas causas con las mujeres que con los hombres, independientemente de su preferencia sexual, es decir, aún así puedo reconocer que el grupo de mujeres homosexuales tiende a ser más unido que el de hombres homosexuales, y no sólo como comunidad homosexual, sino como comunidad de cualquier índole. Para muestra basta con analizar el pasado y darnos cuenta de las mujeres se mantenían al frente en las batallas bélicas, no sólo de México, sino del mundo entero. La mujer ha sido la base de la sociedad, ¿y qué pasa cuando a la base se le quita la base? El desconsuelo y la desolación para miles de mujeres que siguen luchando solas. La nostalgia y la desesperanza de saber que deben salir a la calle solas alzando la voz que no tiene eco.

 

No es un “proteger” a las mujeres, sino darles la libertad que merecen, hacer de las calles un lugar seguro; de los espacios públicos, de los privados, de la casa, de la iglesia, de la escuela. Respetar su identidad de género como seres humanos. Proteger a la mujer es educar a la sociedad a respetarlas, no sólo las mujeres heterosexuales, también me refiero a las mujeres sin una etiqueta que las abandere como homosexuales, que si bien también es un problema social el que vive la mujer homosexual, entonces también a ellas habría que abrirles paso. Ahora entiendo porque el grupo o las comunidades de mujeres son más cerradas, porque es más probable que entre ellas encuentren el apoyo que entre los hombres.

 

El avance ideológico es desmerecido al momento que como ciudadanos permitimos que sucedan esas cosas, México no está evolucionando, México está aletargado en muchas cuestiones sociales que cree no son pertinentes para todos. De ahí mismo nace uno de los grandes problemas sociales como lo es el de las mujeres y hombres transgénero que aún siguen batallando por ser aceptados por la sociedad, y peor aún, ser aceptados por la misma comunidad homosexual, que si bien son incluidas en la larga lista de siglas GLTBI también son olvidadas como tantas mujeres bajo las mismas circunstancias en Ciudad Juárez.

 

La realidad del homosexual, al menos en Tijuana, está opacada por un estereotipo que no le pertenece, se dice que por ser frontera con Estados Unidos la comunidad homosexual es más abierta, más liberal y menos conservadora, yo opino lo contrario, Tijuana sigue siendo un pueblo entre los homosexuales que reducen su intelecto a marca de ropa, a cuerpos de modelo, a cuánto dinero tienen o qué coche manejan. La realidad homosexual se ha quedado embotellada en una ilusión, en una quimera que casi todos respetan como la única verdad a la que deben pertenecer. Pocos son los que no se suman, y pocos los que logran ser parte de la realidad que acontece a México.

 

Poeta, Cuentista, Dramaturgo, Músico y Novelista.

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