13 Febrero 2015

A Rubí Juárez

 

Cuando nace un hombre o una mujer todos los dispositivos culturales están a merced de ellos para crearles un paradigma que “debe” definirlos como tal; sin embargo, esos dispositivos son imposiciones sociales que no precisamente crean una identidad genuina sino una identidad necesaria para la misma sociedad.

 

Todo lo que nos rodea en una sociedad está definido para un binomio: hombre/mujer, por lo tanto es común que la gente en general “construya” su identidad a partir de lo establecido. Yo le llamo a eso una identidad falsa porque es impuesta por todo lo que hay alrededor, pero no bajo la conciencia de quiénes somos como hombres y mujeres. Cuando el ser humano se comienza a cuestionar como individuo quién es, es entonces que comienza su reconstrucción, o bien su identidad genuina, poco a poco comienza a ver que todo lo que le rodea es la norma que se dicta, pero no la que define al individuo como Ser Humano. La clave de la identidad está en ese SER, saber ser quién eres no quién te dice los demás quien debes ser, por lo tanto, la discriminación comienza a temprana edad a joder el resto. Si eres diferente a los demás estás fuera de la norma, y lo que está fuera de la norma es difícilmente comprendido. Es más sencillo criticar lo que se desconoce a proponer comprender lo desconocido.

 

En México, aún, en albores del Siglo XXI, se discrimina a gente con identidad sexual distinta establecida por la norma, es decir, todo aquel que para el otro sea: gay, lesbiana, transexual, transgénero, bisexual, intersexual, es discriminado por encontrar una preferencia sexual; sin embargo, al momento que esa preferencia se vuelve una identidad la gente alrededor comienza a notar a la persona como tal, no a la persona Y su preferencia. Lo escabroso del proceso es esa reconstrucción de identidad porque no basta asumirse y declararse con tal o cual preferencia, sino en tener conciencia desde lo ideológico que lo hace tener una identidad, hasta la manera en que se maneja por la vida.

 

La identidad muchas veces es forzada por los mismos grupos sociales donde el individuo se desenvuelve, pero al momento que toma conciencia de ello es entonces que puede reconstruirse a sí mismo. La reconstrucción de identidad es realmente saber para sí mismo quién es, cómo se define a sí mismo, quién es frente a los otros, cómo piensa, cómo habla, cómo camina, qué le gusta, cómo viste. Todas y cada una de estas partes son la idea principal de esa reconstrucción de la identidad, es entonces cuando puedo asegurar que el individuo logra identificar su género. Estamos tan acostumbrados a ver la dicotomía blanco/negro, que automáticamente asumimos hombre-masculino/mujer-femenino, esto no es una verdad absoluta, cuando el individuo está consciente de su reconstrucción como SER comienza a formar su propio género lejos de lo que la cultura y la sociedad impone.

 

Lamentablemente ni la iglesia, ni la educación, ni la propia familia promueven la reconstrucción del individuo, antes bien, lo critican a diestra y siniestra porque una vez saliéndose de los cánones que estas instituciones dictan, automáticamente pasan a ser discriminados por crear una identidad propia. No existe un recetario que diga cómo encontrar y reconstruir la identidad, pero sí existen académicos, filósofos, psicólogos, que abren el espacio a discusión para que el ser humano se reconstruya a sí mismo. En la medida en que la gente lo haga veremos mayor aceptación por parte del otro, y no sólo eso, sino que estaremos frente a la otredad, lo que nos hace reconocernos con el otro a partir de las diferencias. Esto no sólo sucede en cuestiones sexuales, también en cuestiones de comportamiento, de apreciación, de percepción, de concienciación de quiénes somos y quién es el otro.

 

Bajo estas consideraciones puedo entender por qué es que en México se critica y se discrimina lo desconocido, no porque lo ignoren sino por el miedo a no saber cómo comportarse cuando los dispositivos culturales dictan todo lo contrario. A esto mismo podemos agregar la discriminación por gente sorda, muda, ciega; gente que no tiene pies, piernas, brazos; o quizá aquellos que el cerebro no lo tienen desarrollado como los demás. Cada una de estas personas características debieran ser tomadas como personas, es decir, no como una inclusión necesaria, sino como una realidad que está entre nosotros. Considero que el término: “ellos también”, intenta incluirlos donde no tienen cabida, cuando en realidad debiera ser: “todas las personas”. Pero es la costumbre de lo que nos rodea lo que nos hace aceptar a la gente o rechazarla, por una u otra cosa. Entiendo que no toda la gente tendría que amar al otro, pero al menos si aprender que existen diferentes maneras de SER.

 

Cuando las personas tomen conciencia de quiénes son, bajo una identidad propia, entonces podremos convivir con el resto como iguales, iguales antes los derechos, porque ante nosotros mismos como identidad, somos diferentes. Al momento que así lo veamos los mismos derechos humanos estarán siendo partícipes de la otredad. No será ya el defender al otro diferente, sino el defender al otro que tiene el mismo derecho que todos. Ahora bien, específicamente hablando de sexualidad, tendríamos que crear conciencia en la gente que tiene una preferencia diferente al resto para que comience su proceso como reconstrucción de identidad, y no la formación de valor y coraje para admitir su preferencia, no es sólo eso, va más allá. Tal parece que muchos se preparan para ser fuertes ante la discriminación de la familia, la sociedad, la iglesia, las leyes, sin antes prepararse a ser sí mismos como hombres y mujeres con identidad de género.

 

Sí, la identidad de género va entre lo masculino y lo femenino, pero esto no precisamente debe reducirse a lo cultural, sino a lo ideológico, porque lo femenino y lo masculino es diferente entre sí, pero también es una dualidad. Cuando el individuo se reconstruye automáticamente va buscando la manera de mediar lo que le rodea y es entonces donde asume tanto lo masculino como lo femenino en uno solo. Así es cuando nos encontramos frente a hombres que lloran públicamente, mujeres que se enfurecen, hombres que cuidan la casa, mujeres que salen a trabajar, hombres que prefieren la cocina, mujeres que gustan de la mecánica, pero en ninguno de los casos los hace más o menos mujeres u hombres, simplemente han encontrado esa dualidad como hombres y mujeres en su identidad de género entre lo femenino y lo masculino, y de ahí a la preferencia sexual es un paso más corto, porque entonces asumen su sexualidad como su identidad de género se los dicta. Sólo así podemos entender a hombres que gustan de hombres, mujeres que gustan de mujeres, hombres que nacen hombres sabiéndose mujeres, mujeres que nacen mujeres sabiéndose hombres. En sí, cuando el individuo se reconstruye está frente a una reconstrucción como transgénero porque su género evoluciona para funcionarse en uno solo: lo femenino y lo masculino.

 

El día en que la gente comience a tomar conciencia de su identidad y esa reconstrucción, será libre de atavismos, de esa cultura machista que impera, de esa sociedad que discrimina, y entonces, sólo entonces, estaremos frente a los verdaderos derechos humanos que todos debemos tener.

 

Tal parece que hacerse sordos y ciegos al dolor ajeno es parte de un recuerdo y un olvido que se ha quedado atrás en el dolor de la sociedad.

 

Las mujeres son invaluables, como igualmente lo son los hombres; sin embargo, en la actualidad se ha olvidado el dolor ajeno, la siniestra mano que amenaza y destruye las vidas de tantas mujeres en Ciudad Juárez, en México y en el mundo entero. Hasta el día de hoy miles de mujeres han sido olvidadas por las autoridades ante la desaparición, el secuestro o el feminicidio. Se ha vuelto una cifra más en los estándares de violencia mexicana sin percatarse de la realidad que acarrea toda esta situación.

 

Esta grave situación comenzó ya hace tiempo en Ciudad Juárez donde dio inicio el alto índice de mujeres desaparecidas, muertas o secuestradas. Muchas de ellas mujeres homosexuales que luchaban por su derecho a ser respetadas. Muchas otras como mujeres simplemente, sin etiquetas, que alzaban la voz para que la sociedad se diera cuenta que existían, y justo en ese momento, con esa misma fuerza de alzar la voz, así mismo fueron arrancadas de sus familias como madres, hijas, hermanas, amigas.

 

Las comunidades homosexuales en México piensan que no pasa nada, o bien se hacen ciegos y sordos a lo que ocurre alrededor, mucho se cree que las únicas víctimas de ser valoradas son los activistas hombres o mujeres. Muchas mujeres y hombres homosexuales han muerto en la eterna lucha por sus derechos, pero al igual, también, muchas mujeres siguen siendo víctimas de las atrocidades de un gobierno mezquino, de una sociedad recalcitrante, del machismo que ataca por doquier para aniquilarlas a como dé lugar.

 

Quizá el “problema” de muchas es el no haber pertenecido a una comunidad homosexual que ahora vele por su desaparición, o aquella comunidad que sigue alzando la voz en pro de una libertad de ser mujer. El homosexual vive en una burbuja de jabón sin darse cuenta de la realidad que le rodea. Al menos para la mayoría es más fácil olvidar lo que ocurre en México con las muertas de Juárez o de todo el país, que continuar con una vida entre la farándula y la fantasía. Alzar la voz para reclamar al gobierno sobre cada una de nuestras mujeres desaparecidas es también parte de una realidad que debe vivir el homosexual como ciudadano, pero tal parece que esto pasa a un término que no amerita reglón en su abecedario, en su historia, en su tiempo y espacio.

 

Es más común encontrar unión en estas causas con las mujeres que con los hombres, independientemente de su preferencia sexual, es decir, aún así puedo reconocer que el grupo de mujeres homosexuales tiende a ser más unido que el de hombres homosexuales, y no sólo como comunidad homosexual, sino como comunidad de cualquier índole. Para muestra basta con analizar el pasado y darnos cuenta de las mujeres se mantenían al frente en las batallas bélicas, no sólo de México, sino del mundo entero. La mujer ha sido la base de la sociedad, ¿y qué pasa cuando a la base se le quita la base? El desconsuelo y la desolación para miles de mujeres que siguen luchando solas. La nostalgia y la desesperanza de saber que deben salir a la calle solas alzando la voz que no tiene eco.

 

No es un “proteger” a las mujeres, sino darles la libertad que merecen, hacer de las calles un lugar seguro; de los espacios públicos, de los privados, de la casa, de la iglesia, de la escuela. Respetar su identidad de género como seres humanos. Proteger a la mujer es educar a la sociedad a respetarlas, no sólo las mujeres heterosexuales, también me refiero a las mujeres sin una etiqueta que las abandere como homosexuales, que si bien también es un problema social el que vive la mujer homosexual, entonces también a ellas habría que abrirles paso. Ahora entiendo porque el grupo o las comunidades de mujeres son más cerradas, porque es más probable que entre ellas encuentren el apoyo que entre los hombres.

 

El avance ideológico es desmerecido al momento que como ciudadanos permitimos que sucedan esas cosas, México no está evolucionando, México está aletargado en muchas cuestiones sociales que cree no son pertinentes para todos. De ahí mismo nace uno de los grandes problemas sociales como lo es el de las mujeres y hombres transgénero que aún siguen batallando por ser aceptados por la sociedad, y peor aún, ser aceptados por la misma comunidad homosexual, que si bien son incluidas en la larga lista de siglas GLTBI también son olvidadas como tantas mujeres bajo las mismas circunstancias en Ciudad Juárez.

 

La realidad del homosexual, al menos en Tijuana, está opacada por un estereotipo que no le pertenece, se dice que por ser frontera con Estados Unidos la comunidad homosexual es más abierta, más liberal y menos conservadora, yo opino lo contrario, Tijuana sigue siendo un pueblo entre los homosexuales que reducen su intelecto a marca de ropa, a cuerpos de modelo, a cuánto dinero tienen o qué coche manejan. La realidad homosexual se ha quedado embotellada en una ilusión, en una quimera que casi todos respetan como la única verdad a la que deben pertenecer. Pocos son los que no se suman, y pocos los que logran ser parte de la realidad que acontece a México.

 

01 Diciembre 2014

 

El hombre y la mujer nace con el sexo definido de acuerdo a la biología humana; sin embargo, la sociedad dicta lo que un hombre y una mujer debe ser.

 

Desde pequeños, incluso desde antes de nacer, y a sabiendas del sexo que muestra la criatura en el ultrasonido, ya se predetermina el comportamiento social que éste debe tener, no por ello está demás que en el baby shower si es niña se regalen prendas de color rosa, y si es niño de color azul, incluso, de no saberse el sexo, los colores ideales son el blanco, el amarillo o el verde menta. Hasta los colores marcan el sexo, al igual que los juguetes: soldaditos y carritos para niños, muñecas y trastecitos para niñas. Las niñas con falda y cabello largo, los niños con pantalón y cabello corto. Las normas sociales están establecidas entonces antes de nacer, y cuando la criatura nace automáticamente, por el sexo, pene o vagina, se le asigna el rol que debe tener.

Quiere decir que entonces el hombre y la mujer no se forma, es formado automáticamente por un rol impuesto por la sociedad. En realidad el hombre y la mujer no decide por sí solo el comportamiento social a seguir, prácticamente debe seguir lo que ya está estipulado para cada quien.

 

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?

 

El sexo es lo biológico. La composición física del hombre y la mujer, Hombres-Pene, Mujeres-Vagina.

El género, en cambio, es una construcción ideológica, una forma de pensamiento que el individuo construye de acuerdo a su propia subjetividad.

El sexo es la construcción intrínseca de la vida, el género es la reconstrucción de un SER como un todo.

Difícilmente la gente se detiene a cuestionarse por qué es hombre o mujer, si de acuerdo a lo físico ya está dado como respuesta, pero si se detuviera a pensar en su género, seguramente caería en un rol asumido socialmente por el ser hombre o mujer: el sexo.

El hombre pensará que le pertenece el género masculino, y la mujer que le pertenece el género femenino, entonces surge otro cuestionamiento, si la diferencia sexual (hombre, mujer) está en lo físico, ¿cuál es la diferencia en género femenino, masculino?

 

Patrones socioculturales:

Hombre

Ser fuerte que asume su condición de patriarca, hacedor de normas, le gustan las mujeres, da el apellido a quien bajo su yugo está.

Mujer

Ser débil que asume su condición de abnegada, hacedora de quehaceres domésticos, les gustan los hombres, recibe el apellido que el hombre le imponga.

Bajo estos patrones socioculturales, se asume la condición del hombre y la mujer, bajo un rol meramente machista; sin embargo, la sociedad no se lo cuestiona, lo ve tan normal como lo vive, y asume que el ser femenino implica vestir “curiocita”, con prendas de colores simpáticos, arreglada, con ademanes y movimientos sutiles y delicados, con un lenguaje propio de su condición; mientras que el ser masculino implica vestir como lo desee, siempre y cuando se sienta cómodo, con ademanes toscos, un ser rudo que puede utilizar palabras altisonantes sin miedo a ser criticado.

Cada una de estas aberraciones sociales no definen lo que es el género masculino o femenino, al contrario, siguen teniendo la base sexual del ser hombre o mujer.

 

Analizando la sociedad y la cultura en la que vivimos, se puede establecer pues, que el género depende de una construcción ideológica que va de la mano con aquellos dispositivos sociales de los que depende el hombre y la mujer.

El ser masculino tiende a ser un ser cerrado, hermético, que no suele demostrar sus emociones.

El ser femenino tiende a ser un ser abierto, expuesto, que suele demostrar sus emociones sin miedo a ser juzgado.

De esta lógica es que la sociedad crea dependiente el sexo del género: hombre-masculino, mujer-femenino.

Pero la construcción de género va más allá que un simple seguimiento de normas sociales, el género RECONSTRUYE la condición de hombre y la mujer.

La forma más fácil de poder conocer la construcción de género dependerá en gran medida del uso del lenguaje, es decir, la forma en que las categorías gramaticales son utilizadas en el hombre y la mujer.

 

El hombre bajo una condición masculina tiende a utilizar más los verbos, sobre todo los imperativos, y los adjetivos posesivos en forma directa; incluso lo podemos ver desde la simple pregunta que le hace el hombre a la mujer cuando quiere que ella sea su novia:

-¿Quieres ser MI novia?-

-Quiero ser TU novio-

Mientras que la mujer en su condición femenina tiende a utilizar más los adjetivos y los posesivos en función del otro:

-Me gustaría poder ser tu novia-

-¿Quisieras ser mi novio?-

 

De acuerdo a nuestro contexto y nuestra cultura podrán darse cuenta que por lo general la mujer también tiende a seguir un género masculino cuando es en casa que ella tiene la última palabra:

Hijo: Mamá, ¿puedo salir con mis amigos?

Mamá: No sé, pregúntale a tu padre.

Hijo: Papá, ¿puedo salir con mis amigos?

Papá: ¿qué dice tu madre?

Hijo: que te pregunte a ti

Papá: No sé, lo que diga tu madre.

Y es la madre la que desde un principió decidió si iría con los amigos el hijo o no.

 

En el seno familiar mexicano la mujer tiene su lugar como matriarcado aunque le haga creer al hombre que es el patriarcado lo que impera en su familia. La madre determina los primeros quehaceres del hombre y de la mujer. Es en casa donde se forma la primera construcción de género de acuerdo a estereotipos sociales erróneos.

 

Cuando llega entonces la decisión de aceptar una homosexualidad muchos de estos patrones siguen permaneciendo, y podría asegurar que más del 90% de los hombres homosexuales son machistas, al igual que las mujeres. Basta con observar a su alrededor y darnos cuenta la forma en que actúa uno y otro frente a una relación sentimental. El resto, ese 10% no usual, pertenecería a los que han RECONSTRUIDO su género con base a lo que lo femenino y lo masculino es, y no precisamente con base a una preferencia sexual. La preferencia sexual no determina ni el sexo ni el género, es sólo una preferencia más, así como a un hombre le puede gustar un buen libro, la cerveza, los hombres, el tabaco; al igual a la mujer le puede gustar un buen libro, la cerveza, las mujeres, el tabaco.

Reconstruirse de acuerdo al género es comenzar de cero, tener bien a bien lo que eres como hombre o como mujer, donde el género se orienta más a la decisión de ser libre, abierto, expuesto a demostrar sus emociones, con sus altos y bajos de la vida. El género es una forma de pensar que no determina roles sociales, sino que asume una condición propia del ser, un paradigma de pensamiento que abre la diversidad. Es por ello que considero bastante estúpido que algunos piensen que el ser homosexual es un tercer sexo, un tercer género, de ser así entonces que lo expliquen en funciones biológicas, porque el homosexual hombre sigue teniendo pene, y la mujer vagina; el masculino sigue siendo hermético, y lo femenino abierto. No existe otra clase de persona.

 

Si pudiéramos entender la diferencia entre el género y el sexo, seguramente la discriminación homosexual no sería parte de una sociedad retrógrada, al contrario, se aceptaría al homosexual por su condición de SER y saber ser. Entonces las propuestas de ley en adopción por parejas homoparentales y los matrimonios homosexuales no serían ni siquiera noticia, al contrario, sería un garantía más de hombres y mujeres.

Contacto

Facebook