La libertad de culto, creencia o religión no resta mérito la libertad de expresión.

 

En un mundo globalizado y globalizador en albores del siglo XXI la gente aún busca una manera de dar respuesta a lo que no tiene para ellos respuesta, es decir, la gente se refugia en creencias, religiones y cultos que les llena de paz y armonía su entorno, que en realidad no lo veo del todo mal, cada quien busca lo que necesita, y cada quien puede creer en lo que desee; sin embargo, de tener tu propia creencia a querer evangelizar al otro es en verdad una estupidez. La libertad de culto es precisamente eso, la libertad de profesar la fe que deseen, pero eso no implica que todo aquel que esté a su alrededor deba profesar lo que ellos profesan.

 

Lo interesante de esto puede ser que menos jóvenes pensantes se acercan más a la realidad y buscan respuesta en la ciencia, en la filosofía, en sus propias conjeturas que desarrollan como un acto de conciencia y razón. Interesante es ver que ya el joven no se cree tan fácil la sarta de ideas más construidas sin fundamento alguno y prefiere buscar su propia manera de pensar. El problema está en toda la gente que sí cree, ya sea en alguna religión, secta, culto o en algún tipo de materia etérea que se le semeje.

 

A menudo la gente creyente se ofende cuando un ateo o agnóstico se burla o hace mofa de sus creencias, pero tanto uno como el otro tiene la libertad de expresar lo que desee, a eso se le llama, señores, libertad de expresión. Habrá quienes dicen que si el ateo, agnóstico o quien esté en contra de alguna creencia habla mal, se burla u ofende la libertad de expresión se anula porque ahora ya está atentando contra la integridad del otro, del que sí cree. Sin embargo, en este punto estaré totalmente en desacuerdo, tan es ofensivo el leer, escuchar, ver los cometarios sobre dios, como es ofensivo el leer, escuchar o ver comentarios en contra de éste o éstos.

 

La religión, cualquiera que ésta sea, secta, culto, logia, fraternidad, etc., no es más que la necesidad de sentirse validados por alguien más que no sean ellos mismos como individuos. Las religiones y sus derivaciones manipulan la libertad de razonar, de pensar, de discutir. Y eso es tan válido como aquel que no necesita creer en algo o en alguien, porque tiene la seguridad puesta en él de saber quién es, a dónde va y qué desea de la vida. En tema de homosexualidad es muy común saber que hombres y mujeres con estas preferencias por lo regular sean personas creyentes, quizá un 90% de ellas creen en algo o en alguien. Analizando su postura, la cual no tienen abiertamente, basta con repetir ideas que roban de cualquier otro, te puedes dar cuenta que es una manera de aún poder tener el “perdón” de dios si es que acaso están en pecado. Es una idea estúpida que las religiones han metido en sus cabezas, una idea que el mismo homosexual no piensa ni refiere, al contrario sigue ciegamente “just in case”.

 

Es muy distinto no creer en alguna religión a no creer en las instituciones, muchos se dicen ateos cuando no tienen idea del significado. Muchos he escuchado y bien sabido que se denominan ateos por no seguir una religión pero sí creen en un hacedor de las cosas, una divinidad, etc. El que es realmente ateo sabe muy bien su causa, la propia, y asume su NO creencia en algo o en alguien porque tiene razón de ello. La persona que es atea no cree en algo, o en alguien, no cree en NADA. Es decir, cuando un ateo se asume como tal entonces sabe QUIEN es sin dejar a dudas la posibilidad de la creencia. Considero que mucho de las telarañas mentales de los mexicanos se debe estrictamente a la creencia en algo o alguien. Por lo tanto la homofobia, la intolerancia nace puramente de la NO razón misma. Y no nos vayamos tan lejos, no me refiero a la gente heterosexual homofóbica sino a los mismos homosexuales intolerantes y homofóbicos. Que tal cosa sí existe.

 

Es pues, la necesidad del ser humano el refugiarse en algo o en alguien, pero no de todos, es decir, no todo ser humano necesita creer en algo, y aquel que dice que no cree en nada sino en sí mismo entonces está en la misma situación porque está formando su propia religión como tal, habrá quienes le sigan, habrá quienes no, pero no deja de ser otra forma de creer en algo. La diferencia entre creer y no creer es el RAZONAR.

 

Si permitiéramos un poco a nuestro cerebro a razón, a pensar, a crear ideas seguramente poco a poco las religiones perderían sentido. La religión es para gente que no tiene iniciativa propia, que carece de un autoestima promedio, gente que no ve más allá del cuadrito que se le ha dibujado imaginariamente desde el nacimiento y la crianza. Por lo tanto burlarse de las religiones, de los creyentes, de los que siguen un culto es tan válido como burlarse de los que no lo hacen. En ambos grupos debe existir la libertad de expresión, si no quieres ser ofendido por la religión que profesas tampoco ofendas a los otros con tus comentarios religiosos.

 

Quizá no sea lo que acostumbro a escribir en este portal, sin embargo hoy tuve una buena plática con tres estudiantes de preparatoria que me dio para escribir lo que a continuación expongo.

 

A Yara Abarca, Jorge Terrats y Carlos Rocha

 

Entre la compañía de dos grandes amigos, y un nuevo integrante a la pandilla abyssiana la pregunta inicial fue: ¿qué pueden opinar los poetas de Tijuana de tu trabajo?, a lo que respondí con plena seguridad, nada interesante, lo más seguro es que desprecien mi trabajo o peor aún que ni siquiera lo conozcan. La poesía hoy en día, al menos en la ciudad de Tijuana se ha vuelto un acto de esnobismo, una pretensión del querer ser reconocidos como poetas. Tiempo atrás en cierta discusión con este círculo de poetas me recriminaban el hecho que la poesía no puede ser sólo sentimiento, que la poesía era otra cosa, a lo mismo que cuestioné que qué era eso otro si no era sentimiento mismo. Para crear poesía se necesita vivir y saber vivir, explorar las áreas más extrañas del sentimiento para volcar tu dolor, tu alegría, tu apatía contra la sociedad, la cultura, el amor, el gobierno. La poesía nace del sentimiento, no hay de otra.

 

Como idealista considero que la poesía lo es todo, es decir, que la forma en que el poeta ve la vida es la forma en que logrará plasmar el sentimiento que lleva dentro y desea revelar a los demás. Me es muy interesante darme cuenta cómo gran cantidad de jóvenes están buscando en la poesía una manera de expresar eso que desean expresar, jóvenes con ganas de demostrar al mundo la metáfora incauta de las palabras. He tenido la dicha y el placer de poder compartir con estos jóvenes esas ganas por querer aprender a crear poesía. En una de los talleres que suelo tener con ellos me atreví a decirle un día: Como maestro, como poeta, por más mediocre que sea, no vengo a enseñarles absolutamente nada, sólo vengo a apoyarlos en su libertad por querer escribir, vengo a darles ánimo que lo que escriben vale la pena, y así fue, el grupo de jóvenes que tuve crearon una excelente colección de poesía que aplaudo de pie honrado su trabajo.

 

Jóvenes poetas fuera del estudio, o incluso dentro del estudio de las letras, han terminado por hacer de la poesía actual un artificio hispter donde el esnobismo se apodera de ellos para querer ser reconocidos a como dé lugar. Sin embargo, en mi trayectoria como poeta, como maestro, como literato y lingüista, me he percatado de una sola cosa: Cualquiera puede escribir “bonito” pero no cualquier puede crear poesía. La poesía no se escribe, se escribe sí como un acto físico, pero en realidad se crea, la poesía es el arte de las palabras no dichas, de las metáforas escondidas. En Tijuana los grandes poetas, los viejos poetas, y no precisamente por edad sino por experiencia, saben que la poesía se crea sin pretensión alguna, es un acto social que devenga la participación del alma, del coraje, de la entrega, del sentimiento en todas sus presentaciones, el problema es la nueva ola de “poetas” que interrumpen el ritmo y la continuidad de las palabras.

 

Si bien encuentro entre este grupo de “nuevos poetas” la decadencia del arte, también encuentro entre muchos jóvenes preparatorianos el comienzo y el nacimiento de una poesía joven que no desprecia a los maestros, al contrario, los abrazan y aprenden de ellos. Jóvenes preparatorianos que asumen su condición de discípulos entre las letras de Benedetti, Sabines, Paz, Borges, maestros del arte y la poesía que nos han heredado sus ansias por gritar las palabras no dichas. Puedo asegurar que hay mayor entendimiento en estos estudiantes que en los que salen a las calles creyéndose poetas.

 

La generación de Laura Jáuregui y Gilberto Licona con su proyecto Existir a finales de los años 90 y principios del 2000 dieron pauta a esta ruptura poética que en la actualidad vive Tijuana. Ellos fueron los impulsores de esta generación de poetas que se atrevieron a hablar de lo cotidiano sin perder el ritmo y la metáfora. Poetas que ahora los jóvenes ven como extraños, como arcaicos, pero poetas al fin que supieron mantener la ideología del arte como tal. Dicha generación de poetas aprendieron de los grandes, de poetas de Tijuana como un Víctor Soto, Rosina Conde, Francisco Morales, Elizabeth Cazessús, Roberto Castillo, Alfonso García, Eduardo Arellano, entre otros. Poetas que la ciudad ha olvidado por poner su vista y oídos ante palabras vacías y huecas.

 

Aún creo que la generación que hoy está en las preparatorias es la generación que pudiera regresar al origen del arte y la poesía. Estoy consciente que el arte también evoluciona, que el arte también se transforma, ahí tenemos el postmodernismo que rompe las estructuras para proponer otras, pero siempre con una ideología como sustento, una base que no rompe la estética entre el fondo y el contenido. Cánones que poetas tijuanenses han roto, han olvidado o quizá en su defecto ni siquiera conozcan.

 

Poetas jóvenes en Tijuana tenemos muchos y he sido testigo y cómplice de ello, el problema es que con un monopolio del arte estos jóvenes o serán absorbidos por el monopolio o serán rechazados por pensar. Basta con apoyar y reconocer que los jóvenes son la voz actual, son los que portan el estandarte de querer rescatar el arte en Tijuana, basta con darles la oportunidad y dejar que emprendan su camino entre el arte y la poesía. Lamentablemente, y me pesa, puedo decir que la mejor manera de ser poeta en Tijuana es no estudiar Lengua y Literatura en UABC, sino salir de la ciudad y buscar en otros horizontes los maestros que aún están dispuestos a entregar sus letras a quienes deseen expresar el arte de crear poesía. Todavía en los primeros años de este siglo UABC contaba con excelentes maestros, hoy en día cuando con pocos de ellos, los menos, que cada vez van siendo opacados o relegados a una educación por competencias que no deja nada bueno a las cuestiones del arte.

 

Yo sólo puedo decirle a mis alumnos de preparatoria que sigan adelante, sigan soñando, sigan creando y dejen que el sentimiento los lleve a donde el ritmo rompe sus estructuras para crear poesía.

 

Mi amor y admiración a Xitlialic Ríos, Marcela González, Yara Abarca, Pedro Burrola, Sahid Martínez, Miguel Rocha, Aranza Casildo y Jorge Terrats.

 

No es lo mismo escribir bonito que crear poesía.

01 Diciembre 2014

 

Cada vez que tengo la oportunidad de confrontar a mis alumnos o amigos con temas escabrosos sobre el amor, la fidelidad y mierdasvarias, me doy cuenta qué tan metidos en la sociedad, en sus costumbres, en sus imposiciones estamos. Estamos acostumbrados a seguir sendos patrones que terminan delimitando nuestro mundo, o bien nuestra percepción del mundo en el que "vivimos".

 

¿Qué es la fidelidad?

 

La RAE define fidelidad como: "Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona", excluyamos por un instante la primera palabra de esta definición y quedémonos con "la observancia de la fe que alguien debe a otra persona"; es decir, esa fe que le tenemos a un ser querido que no nos permite sobre pasarlo, nos hace que nos mantengamos cerca de él, a su lado de alguna forma u otra, pero para palabras terrenales estamos entregados al amor de tal o cual persona a quien le prometemos fidelidad. Les preguntaba en una ocasión a mis alumnos lo siguiente: Si María ama a Juan con todo su amor y le ha prometido el resto de sus días juntos, que pasa si un buen día María ve pasar a Pedro, un hombre aparentemente hermoso que atrae a las mujeres tanto como le atrajo a María, y ésta decide por deseo o por placer más no por amor acostarse con él, pensar en él, ¿estaría María siendo infiel a Juan? obviamente la respuesta inmediata de hombres y mujeres fue que SÍ, eso era infidelidad, pero, ¿si a quien ama es a Juan y no a Pedro, Pedro es sólo un antojo, cómo podría ser infidelidad eso?

Reflexionando sobre ello entonces les expuse el siguiente ejemplo, supongamos que a ustedes les fascina la Coca-Cola, no pueden vivir sin ella, para desayunar, comer y cenar Coca-Cola a todas horas, ustedes en cierto modo le son fiel al refresco y no lo cambian por nada del mundo, porque adoran ese sabor, esa agüita negra que tiene un algo que los lleva a vicio, en pocas palabras por ese amor, ese gusto que sienten por el refresco le otorgan su voto de fidelidad, igual que el de María a Juan o viceversa. Pero un buen día de pronto vieron frente a ustedes un refresco diferente, que llamó su atención y lo piden, lo beben, lo disfrutan, les llega a gustar pero no tanto como la Coca-Cola, sólo fue el impulso de un antojo, de un probar algo diferente, de querer conocer algo distinto, no dejarán a su refresco predilecto por nada del mundo porque ha sido parte de sus vidas. Con probar ese antojo en otro refresco no le han sido infiel a su bebida preferida, simplemente fue satisfacer ese antojo que llega en su momento, como lo que le pasó a María o lo que comúnmente le pasa a Juan. María no cometió un acto de infidelidad al haberse acostado con Pedro, fue sólo un antojo, un deseo, un placer que se quiso otorgar, porque en realidad a quien ama y seguirá amando es a Juan, el amor de su vida. En ese caso y bajo este ejemplo cuando la gente se jura fidelidad en los altares o sobre ellos, no están diciendo nada más allá de: te seré fiel toda la vida, sin tomar en cuenta todos los antojos que pueda tener en el camino...

 

Aterrizando un poco la realidad y volviendo a la definición de la RAE, retomemos la palabra antes excluida, LEALTAD, una palabrita que está dentro de la definición de fidelidad pero que da todo el sentido o debiera dar todo el sentido a una entrega total, a una verdadera fidelidad. Si María, Juan, Pedro y el resto de los simples mortales entendiéramos la lealtad como tal, otra cosa sería. La lealtad es el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor. Ser leal es nunca poder ser infiel porque no existe la necesidad de ello, no existen los antojos que van tras ellos, porque descubres en tu pareja todo cuanto necesitas, todo cuanto buscas, que si no lo hay ahí entonces lo ideal es olvidar esa relación y buscar alguien más en quien depositar tu voto de lealtad. Hombres y mujeres fieles hay por centenares, mujeres y hombres leales realmente pocos.

 

Entonces ¿qué jurar en los altares, en las alcobas, sobre la piel, FIDELIDAD o LEALTAD?

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